Ficción china: dos relatos de Hao Jingfang

Casi toda la ciencia ficción y fantasía que se lee por aquí (por aquí por no decir aquí en casa) es de origen anglosajón y está en inglés, por razones que no hace falta exponer. Me falta tiempo para hallar y seguir otros autores. Hace no mucho, enterado del suceso de El problema de los tres cuerpos, de Liu Cixin, decidí comenzar por allí una incursión hacia la ciencia ficción china, que es (dicen) el gran hallazgo de la última década o poco más. Todavía no he podido acercarme a Liu Cixin, pero los algoritmos de libros relacionados de Amazon me llevaron eventualmente a su homónimo, el americano Ken Liu, con quien Liu Cixin compartió el premio Hugo a la Mejor Novela en 2015 por la traducción inglesa del antedicho, The Three-Body Problem. Ken Liu viene de publicar Invisible Planets, una antología de traducciones de relatos cortos en chino, cuyo título es el del cuento del mismo nombre de la autora Hao Jingfang.

Leí Invisible Planets, que es una serie de viñetas de distintos planetas imaginarios, con una evidente referencia a las Ciudades invisibles de Italo Calvino; no me pareció gran cosa, aunque quizá se deba a que esperaba ciencia ficción y encontré un relato “blando” y que roza lo alegórico, aunque evita con lo justo caer en lo moralizante. Es bastante corto y una relectura podría mejorarlo. De los planetas que allí aparecen me gusto más el más verosímil: un mundo oscuro, donde cada persona, para calmar la ansiedad que le provoca el silencio y saberse no visto por nadie, habla a los gritos constantemente, señalando su existencia.

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Leí también Folding Beijing, que ganó el Hugo 2016 a la Mejor Novela Corta (en la traducción de nuestro viejo amigo Ken Liu), y que me gustó mucho más. Aquí el lugar imaginario y alegórico es la capital china, en un futuro no demasiado lejano, transformada por la necesidad económica en un microcosmos del mundo, con tres “Espacios” que alternativamente emergen a diferentes horas mientras los habitantes de los otros dos duermen forzosamente. En la imagen de los edificios que brotan del subsuelo y se despliegan hay para mí una fugaz reminiscencia de la Tokyo-3 de Neon Genesis Evangelion, pero sin duda la referencia más clara (el ominoso pero burocrático clímax del Cambio, a la hora señalada en que un Espacio debe suceder a otro) es a Dark City. Un lector observa que no es difícil encontrar en la terminología utilizada para los Espacios una referencia al Primer, Segundo y Tercer Mundo.

La traducción de Ken Liu es prolija y sensata, rara vez brillante o emocional, aunque mi total desconocimiento del mandarín no me permite saber si se trata de un efecto original o derivado. En todo caso, es un tono diferente al que estamos acostumbrados a leer. Habrá que seguir explorando, esperando que esta ficción diferente eche raíces de este lado del mundo.

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