1121404308Encontrándome con unos días de vacaciones, aproveché para releer, por primera vez en el idioma original, Star Maker, de Olaf Stapledon (traducido al castellano como Hacedor de estrellas). Se trata de un libro curioso, una novela donde las categorías habituales (un protagonista con un desarrollo personal, un argumento más o menos lineal) son subvertidas y transformadas. En Star Maker hay mucho de introspección personal y filosófica, presentada dentro de un marco de ciencia ficción muy adecuado para su época (1937). La ciencia ficción del libro, de hecho, anticipa muchos de los temas del género y hace un magistral uso de los datos conocidos por entonces sobre cosmología y astrofísica. No es lectura liviana: carece por completo de «acción» y se demora largos párrafos en disquisiciones morales, aunque no moralistas, sino formales, estrictamente lógicas, reflejando la formación filosófica del autor.

El libro narra el viaje cósmico del protagonista, inicialmente un inglés del siglo XX. A poco de empezar éste experimenta su primer encuentro con la insignificancia de la especie humana y de su planeta, en términos que recuerdan el pasaje sobre el «punto azul pálido» de Carl Sagan, la célebre fotografía de la Tierra tomada por la Voyager 1. El párrafo de Stapledon resulta especialmente asombroso cuando uno piensa que es más de medio siglo anterior a la susodicha fotografía:

I perceived that I was on a little round grain of rock and metal, filmed with water and with air, whirling in sunlight and darkness. And on the skin of that little grain all the swarms of men, generation by generation, had lived in labor and blindness, with intermittent joy and intermittent lucidity of spirit. And all their history, with its folk-wanderings, its empires, its philosophies, its proud sciences, its social revolutions, its increasing hunger for community, was but a flicker in one day of the lives of stars.

Inevitablemente no todas las ideas científicas en las que se basó Stapledon resultaron ser correctas. Sólo en un caso esto impacta significativamente en el argumento: en la época de Stapledon se creía que los planetas se habían formado al pasar una estrella muy cerca del Sol; el material arrancado a ésta se habría alejado y condensado luego en forma de planetas.

I found no planets. I knew well that the birth of planets was due to the close approach of two or more stars, and that such accidents must be very uncommon. I reminded myself that stars with planets must be as rare in the galaxy as gems among the grains of sand on the sea-shore.

Como resultado de esto, Stapledon plantea que los sistemas planetarios son una rareza; hoy sabemos que casi todas las estrellas los tienen, aunque no todos, por supuesto, sean habitables.

La ciencia de la época tampoco tenía muy claro cómo se formaban y evolucionaban las estrellas: se creía que las estrellas nacían como gigantes y luego se encogían (el proceso es exactamente al revés, al menos para la mayoría de las estrellas). Así lo daba a entender Stapledon en un pasaje del libro…

Early in the life of our galaxy, when few of the stars had yet condensed from the “giant” to the solar type, when very few planetary births had yet occurred, a double star and a single star in a congested cluster did actually approach one another, reach fiery filaments toward one another, and spawn a planet brood.

… y luego lo decía explícitamente en otra parte…

The climax of a star’s life occurs when it has passed through the long period of its youth, during which it is what human astronomers call a “red giant.” At the close of this period it shrinks rapidly into the dwarf state in which our sun now is.

… todo lo cual es perfectamente disculpable dado el estado de la ciencia en la década de 1930 y los instrumentos con que contaba.

Aunque emplea mucho y con maestría los conceptos de la teoría evolutiva de entonces, Stapledon mantiene rasgos típicos de cierto esencialismo biológico, como la división entre animal y vegetal, unida a la idea implícita de que la evolución sigue habitualmente un cierto camino de progreso y especialización.

On certain small planets, drenched with light and heat from a near or a great sun, evolution took a very different course from that with which we are familiar. The vegetable and animal functions were not separated into distinct organic types. Every organism was at once animal and vegetable.

Su tratamiento de los «hombres-planta», sin embargo, es genial: imaginó una especie que se movía y realizaba sus tareas de noche, y que al llegar el día volvía (literalmente) a sus raíces y se dedicaba a meditar mientras fotosintetizaba, reuniendo energía para la jornada siguiente.

Stapledon era consciente de las formas en que un planeta podía volverse inhabitable, por ejemplo, por la pérdida progresiva de su atmósfera (un destino que ya H. G. Wells había imaginado para Marte, pero sin elaborar el proceso, cosa que sólo hemos hecho recientemente).

Before describing the efflorescence of “humanity” in this kind of world I must mention one grave problem which faces the evolving life of all small planets, often at an early stage. This problem we had already come across on the Other Earth. Owing to the weakness of gravitation and the disturbing heat of the sun, the molecules of the atmosphere very easily escape into space.

También conocía el fenómeno del acoplamiento de marea, pero no descartó automáticamente (como otros autores de ficción y científicos han hecho) la evolución de especies que pudieran vivir en un mundo que muestra siempre la misma cara a su estrella.

As is well known, a small planet close to its sun tends, through the sun’s tidal action upon it, to lose its rotation. Its days become longer and longer, till at last it presents one face constantly toward its luminary. Not a few planets of this type, up and down the galaxy, were inhabited…

En 1937 no se conocían aún los mecanismos exactos del interior de los átomos, y faltaba aún un año para que se descubriese la fisión nuclear. Stapledon estaba sobre la pista, sin embargo. El mecanismo de las naves espaciales no recibe mucha atención, pero en la novela se recurre al uso de «energía subatómica», no para responder a la necesidad de inmensas cantidades de energía, sino para lograr la protección que una nave requeriría contra los meteoritos, usando algo que hoy llamaríamos un «campo de fuerza».

Travel within a planetary system was at first carried out by rocket-vessels propelled by normal fuels. In all the early ventures one great difficulty had been the danger of collision with meteors. Even the most efficient vessel, most skillfully navigated and traveling in regions that were relatively free from these invisible and lethal missiles, might at any moment crash and fuse. The trouble was not overcome till means had been found to unlock the treasure of sub-atomic energy. It was then possible to protect the ship by means of a far-flung envelope of power which either diverted or exploded the meteors at a distance.

La idea de mover planetas enteros para viajar sobre ellos resulta ser otro de los recursos de Stapledon, mucho antes de ser utilizados por los Titerotes del Mundo Anillo de Niven o en el planeta He en Earthman, Come Home de James Blish. De manera característica, Stapledon suelta esta enormidad en un párrafo corto y escueto, sin darle mayor importancia.

Actual interstellar voyaging was first effected by detaching a planet from its natural orbit by a series of well-timed and well-placed rocket impulsions, and thus projecting it into outer space at a speed far greater than the normal planetary and stellar speeds.

Stapledon inventa también el concepto del enjambre de Dyson (que fuera asimilado luego al de las esferas de Dyson, aun cuando el propio Freeman Dyson hiciera notar que una esfera sólida en torno a una estrella es inestable).

Many a star without natural planets came to be surrounded by concentric rings of artificial worlds. In some cases the inner rings contained scores, the outer rings thousands of globes adapted to life at some particular distance from the sun.

Más adelante no sólo reitera el uso de enjambres de Dyson para capturar energía, sino que también recurre al uso de las estrellas fallidas como materia prima.

Not only was every solar system now surrounded by a gauze of light traps, which focused the escaping solar energy for intelligent use, so that the whole galaxy was dimmed, but many stars that were not suited to be suns were disintegrated, and rifled of their prodigious stores of sub-atomic energy.

El relato de la creación es no sólo coherente con la idea del Big Bang (que tenía una década en el momento de la publicación del libro; la expansión del universo había sido comprobada por Hubble apenas ocho años antes), sino que sugiere incluso una conexión causal a larga distancia de los puntos del espaciotiempo que no está lejos de los problemas planteados por la física cuántica, aunque aquí su fuente sea psíquica o metafísica.

Then the Star Maker said, “Let there be light.” And there was light. From all the coincident and punctual centers of power, light leapt and blazed. The cosmos exploded, actualizing its potentiality of space and time. The centers of power, like fragments of a bursting bomb, were hurled apart. But each one retained in itself, as a memory and a longing, the single spirit of the whole; and each mirrored in itself aspects of all others throughout all the cosmical space and time.

La hoy célebre interpretación de los múltiples mundos, que Borges (prologuista de la edición de 1965) emplearía en El jardín de los senderos que se bifurcan también fue empleada por Stapledon, o al menos, por su creador, el Hacedor de Estrellas, en uno de sus universos.

In one inconceivably complex cosmos, whenever a creature was faced with several possible courses of action, it took them all, thereby creating many distinct temporal dimensions and distinct histories of the cosmos.

La verosimilitud científica era evidentemente importante para Stapledon, pero el relato de Star Maker no es una ficción basada en la extrapolación de adelantos científicos, sino un futurismo filosófico y metafísico. En una obra anterior, Last and First Men (a la que Star Maker hace referencia, pero que no constituye una precuela ni es requerida para comprender esta novela), Stapledon desarrolla a fondo la idea de que los seres animados tienden al progreso material y espiritual, con ciclos de decadencia y de auge inevitables. Esta concepción no es nueva en su tiempo; en Star Maker, escrita en un momento de crisis mundial, el autor se atreve a extrapolarla de la especie humana a todas las especies inteligentes, pasadas y futuras, de esta galaxia y de las otras.

Hay transparentes estudios del autor sobre los peligros del colectivismo y el tribalismo exacerbados, situados en planetas extraños y con habitantes que se parecen a peces o crustáceos, pero fundamentalmente «humanos»; hay fascinantes historias de simbiosis y complementación biológica y psíquica; hay reflexiones sobre el industrialismo, el capitalismo, el militarismo; hay sobre todo el tema recurrente de la indiferencia de las especies y los individuos más iluminados ante el sufrimiento, que no excluye la compasión pero que observa y espera sin intervenir (se ha dicho que un episodio del libro prefigura la Directiva Primaria del universo de Star Trek, que es una orden de absoluto no-intervencionismo).

Hay mucho más, que es imposible de resumir y que dejo al lector. Todo aquél que aprecie la ciencia ficción debería leer Star Maker, no porque sea un «clásico», sino por su propio provecho.

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